Un día, la Tucha decidió que quería hacer una dieta. Tal vez por casualidad, tal vez no tanto, aquello coincidió con su entrada a la secundaria.
Su entrada a la secundaria la veía como el inicio de un ciclo nuevo y mejor. Creyó que por fin se desharía de aquel apodo de "la Tuchita". Le parecía denigrante, irritante, gordo. Pero después de un tiempo se enteraría que el encargado de ponerle aquelk apodo entraría a la misma escuela y en el mismo salón que ella. Y claro que se deshizo del apodo, pero solo para cambiarlo por el ahora más denigrante,cespectivo y gordo de "La Tucha"
"Escuela nueva, Martha nueva" pensó. Y ser armó de lechuga, apio, toronjas y mucha, pero mucha fuerza de voluntad. Se le ocurrió que aquello de la dieta no sería suficiente para lidiar con una obesidad como la de ella. Bueno. Más bien se le ocurrió a su mamá. Y su mamá la inscribió en le mimsmo gimnasio que ella. A Marthga no le agradaba la idea de ir a uyn lugar donde todas las mujeres eran flacas y se enfundabas en leotardos ajustados mientras que ella se tendría que enfundar tras camisetotas y pants holgados. Pero no objetó. Además, se propusó correr todas las mañanas a partir de ese lunes y se compró ropa deportiva (de hombre porque de mujer no había en su talla), calzado con capsulas de aire para que sus rodillas no resintieran el impacto porque pues ella estaba "gordita", o al menos así fue como el dependiete de la tienda la convenció de comprar esos tennis exhorbitantemente caros.
Nadie tenía más determinación que la Tucha el primer día de su sieta. Jamás se vió adolescente con más ániomo que ella. Se levantó a las 5 de la mañana y se tomó un jogo de toronja con apio, nopal, piña, perejil, hojas de menta y cuanta cosa que pudiera darle mal sabor. Total que la comida que sabe feo es la que no engorda., Se quedó con hambre porque no se terminó el vaso (no soportó tanto sabor a naturaleza ¿Ni siquiera benzoato de sodio como conservador? Aquello era imposible), pero si vistió emocionada y salió a la calle respirando el aire frío de la madrugada mientras sus tripas gruñían como león de Chapultepèc. Pensó que si corría hasta el parque en vez de despertar a mamá para que la llevara en el auto quemaría más calorías. Y ahí va nuestra obesa adolescente, con erl autoestima rozagtante que empezaba a levantarse por auella nueva Martha que veíoa venir. Yo no sería más "la Tucha", se veía vestida con lo que le gustaba y no con lo que le quedaba, guapa, segura, pero sobre todo flaca. Corría y corría y se miraba tan chistosa. Como hipopotamo en pants bailando ballet. Y así corría la Tucha la madrugada de ese lunes mientras sus flácidas carnes brincaban al compás de su pesado trote cuando, desde un auto deportivo gritaron unas flacas: "¡Corre pinche gorda, que se te escapa la hamburguesa!" ... La Tucha se sintiói humillada, ultrajada, vilipendiada, pero ante todo, ubicada. Se enrojeció sin saber si era por el coraje o por la vergüenza. Su autoestima recien estrenada bajó la cabeza y le dijo al oído: andale, Martha. Recoge tu determinación y tu manteca y regrésate a tu casa. Ella no necesitaba quye unas flacas la hicieran pasar aquel mal rato. Se trgresó a su casa, durmió hasta muy tarde y se desayunó 4 hamburguesas mientras su madre le recordaba que nunca dejaría de ser gorda. "Vaya dieta la tuya! RTardó solo una mañana. No cabe duda que nuca dejarás de ser una gorda"
martes, 19 de febrero de 2008
DISECCION DE UNA GORDA. La hamburguesa fugitiva
Publicado por Madamme Sasha Vouffant en 11:20 2 comentarios
viernes, 8 de febrero de 2008
Disección de una gorda. "La gorda feliz"
A Tuchita le gustaba visitar a la tía Cuca. La tía Cuca era repostera, así que ahpi siempre había comida rica, de esaa que mamá nunca la dejaba comer. Además, la tía Cuca parecía ser la única que realmente la entendía.
Después de veinte años de feliz matrimonio, a Maruca la abandono el tío Cutberto por una chamaca que nació cuando ellos se casaron y que pesaba 50 kilos menos que ella (lo cual no quiere decir que la chamaca fuera precisamente flaca). Después de eso, Maruca se había vuelto un poco amargada y trataba siempre de ocultarlo tras un plato de comida... o dos o tres o los que le sirvieran.Por eso engordó aún más. Trató de olvidar que la habían abandonado por ser una gorda y se refugió en la comida. Trataba de aparentar estar feliz todo el tiempo, de ser siempre amable, nunca decir que no para ser la gordita simpática y de ese modo evitar ser rechazada y abandonada nuevamente. Alguna vez le contaron que el tío Cutberto vivía en Colíma y tenía dos gemelas muy bonitas. Y entonces lo odió tres veces más. Una por tener con otra los hijos que ella nunca pudo dartle por gorda, dos porque su profecía y esperanza que escupió cuando la abandono por gorda no se cumplió, ersa que decía que la chamaca lo dejaría al poco tiempo y tres porque él estaba experimentando la felicidad que ella, por gorda, no era capaz de alcanzar. Y no porque estuviera muy lejos, si no porque de tan solo pensar en arrastrar su mantecoso cuerpo hasta allá se cansaba. Así que ahí se quedó, sola y engordando cada día más sin valor para tratar de hacer algo más que eso: engordar.
A pesar de todo eso, la tía Cuca decía ser feliz. "Sí. Estoy gorda. Pero soy una gordita feliz". Pero eso, obviamente era una mentira. Los gordos no son felices. Si no, no estarían gordos. Pero la tía Maruca logró alkgo muy bueno, le enseñó a la tTuchita la primer falacia que un gordo esgrime como autodefensa y autoconsuelo: "SOY UNA GORDA FELIZ"
Publicado por Madamme Sasha Vouffant en 10:45 6 comentarios
viernes, 1 de febrero de 2008
Disección de una gorda. Segunda entrega. COMIDA MALA, COMIDA RICA.
Tuchita creció en un hogar donde la comida se clasifica con solamente dos criterios: el de mamá, que en un principio era el mismo que el de papá, y el de este último, que dividía la comida en solamente dos grandes y sencillos grupos basado exclusivamente en un parametro que era su sabor, así pues, esta era solamente la que sabía rico, y la que no.
El señor Espinoza era de uno de esos que constituían la envidia de esas señoronas que dicen que hasta el agua las engorda, que se matan haciendo dietas(como la señora de Espinoza) Él había sido privilegiado con un metabolismo de lagartija. No importaba lo que comiera, Mario Espinoza no se preocupaba por contar calorias, o saber la cantidad d eproteina y carbohidratos que una comida contenía. Eso a él no le imortaba, él solamente necesita sentir el olor, verla en una presentación atractiva y se acabaría lo que le pusieras en el plato así se tratara de una pierna de su hija. Él nunca subia de peso. Sus brazos y piernas largas y delgadas podrían ser envidia de una supermodelo, pero a él le daba igual. Tuchitapor su parte, había heredado la co`mplexion curvilinea de su mamá: caderas anchas, muslos gruesos, pecho prominente. Para el gusto mexicano eso no suena mal, pero si s ehubiera dado en una mujer de talla 5 ó 7, pero Marta era talla 40 y contando. Y la pobre Tuchita. Ella era una niña en quinto grado que ya tenía que comprar su ropa en el departamento de damas. Enfundada en falda de tablones, sus piernas parecían más cortas y sus caderas más anchas. Era una copia de Miss Piggy con uniforme de escuela primaria pública mexicana. De esas donde no se aprenden bien ni las matemáticas ni el español.
Bueno. Decía que eran dos criterios. En un principio, la mamá de Tuchita tenía el mismo criterio que papá, pero pronto se dió cuenta que aquello la había llevado a un punto crítico. Sus caderas competían con las de doña Chole, la que vendía empanadas en la esquina los sabados, y su cintura se había perdido debajo de unos senos que daban para amamantar a toda la colonia. Así que pronto empezó a hacer cuanta dieta le decían: la del arroz, la de las manzanas, la de la luna, la del agua, hasta la del chocolate. Todas daban resultado y luego rebotaba y subía una talla más que antes de empezar la dichosa dieta. Después se inscribió en un gimnasio. Uno barato porque a Mario no le alcanzaba para uno de los caros. Al principio solo iba unos días y depsués se hechaba para atras. Entonces buscaba otro gimnasio y volvía a empezar, pero después de pasar por 3 distintos decidió tomarlo en serio e hizo una dieta que le había pasado una amiga suya que había ido con el nutriologo. Se mareaba, se sentía agotada, a veces sentía que se iba a desmayar, pero la bascula no dejaba de caer y caer. Y eso la alentaba. Pronto formó su criterio de alimentos. Y también los dividió en dos: los alimentos malos y los alimentos buenos. Los malos eran los que engordaban y los buenos los que no. Así que pronto estos criterios empezaron a chocar, pues generalmente. los alimentos que para papá era ricos, para mamá eran malos, y los que para mamá era buenos, para papá sabían feo. De este mdo la Tuchita tuvo una clara revelación: la comida rica es mala y la que sabe feo adelgaza. Lo que solo le generaba un tremendo sentimiento de culpa cada vez que se empujaba un chocolate que papá le compraba en la tienda... y ella solo tenía11 años.
Publicado por Madamme Sasha Vouffant en 10:57 13 comentarios