La tía Cuca noi pareció espantarse mucho cuando supo de su leucemia. Mas bien parecía que ni siquiera ella era capaz de creer que ella, con sus kilos de sobrepeso, podía tener leucemia. "Ni siquiera esta pinche enfermedad es capaz de adelgazarme"- pensaba- "Si la leucemia me dejara seca hasta los huesos, moriría feliz por haber muerto flaca." Pero esos pensamientos eran el lado oscuro de la tía cuca, un lado que nunca salía, siempre reprimido, ella siempre traía su sonrisa tatuada, aceptándoilo todo con resignación y kon kara de gordita agradable.
La que no parecía estar ocultando sus sentimientos, era la Tucha. Se deprimió mucho al saber que su tía, la tía que la consentía y que le enseñaba como debía comportarse una gorda feliz, se le estaba yendo en sus narices y ella no podía hacer nada. Se sen´tía frustrada, impotente y gorda. Más gorda que de costumbre porque de pura depresión empezó a tragar y tragar y a engordar más que un pavo en noviembre. Salía de la escuela y se iuba a casa de la tía para cuidarla, aunque esta generalmente la mandaba a su casa con un " no es necesaria, m'ija. Yo me siento muy bien" Y con su acostumbrada negación, la tía pensabva dejarse morir lentamente... aunque la muerte d ela tía no fue tan lebnta copmo ella esperaba. Y ¿cómo carajas iba a ser lenta? Si antes de llevarsela a ella tenía que llevarse 90 kilos de grasa que la rellenaban. Alguna vez la Tucha oyó que el cancer era producto de el odio y la ira reprimidas. Y también sabía claro que la leucemia era un tipo de cancer... y una muy grave. Así que el odio de la tía Cuca debía de ser uno muy grave. Pero por más que la Tucha lo pensaba y lo repensaba, no lograba encontrar a quien podía odiar tanto la tía Cuca.
Las semanas pasaban y la tía Cuca empezaba a mostrar desmejoría. La mamá de la Tucha no solía visitarla muy seguido. La Tucha sabía que si su mamá y la tía no se llevaban bien era porque la tía siempre le recordó a su mamá a la gorda que ella fue y a la que pudo ser (o podría ser si un día se descuidaba en la cuenta de los carbohidratos). A su mamá nunca le gustó enfrentarse a esa realidad, aún cuando Maruca empezó a perder peso aceleradamente, Martha no iba periódicamente a su hermana. La tía nunca quiso tratarse, decía que si iba a morir quería morir en su casa como su madre y en el momento en que Dios lo decidiera. Pero realmente era ella la que decidía que quería irse pronto. Muy pronto.
Nuestra querida Tucha no entendía muy bien la razón por la que la tía se negaba a llevar algun tratamiento y solo pudo quedarse observando como su tía, la tía que le hacía los pasteles, la tía que pasaba de contrabançdo los chocolates y los gummy bears, se secaba como un tocino sobre la sarten caliente. Se gastaba como una vela y se escurría cada vez más y más.
domingo, 20 de abril de 2008
Disección de una gorda. Crónika de la muerte de una gorda diabética. 2a entrega
Publicado por Madamme Sasha Vouffant en 18:23 4 comentarios
sábado, 12 de abril de 2008
Diseccion de una gorda. La crónica de la muerte de una gorda diabética. 1a parte
Ya ha bia mencionado que la tía Cuca era una gorda reprimida, frustrada, repostera y para acabarla de fregar, diabética. Pero la tía Cuca no era precisamente la diabética m´s responsable de su salud. No hacía ejercicio, no checaba sus niveles de glucosa periodicamente y mucho menos cuidaba el no comer demasiads carbohidratos. Es más, desconocía a ciencia cierta lo que estos eran. No hacía pues, lo que una gorda diabética debía hacer.
Todos pensaban que la tía Cuca un día no podría más y reventaría de gorda o se moriría con el azúcar más elevada que la deuda externa. Pero no fue así.
La tía Cuca siempre se quejaba de diferentes cosas. Que si hoy le dolían los huesos, que si mañana tenía un moreton que no sabía de donde había salido, que si pasado le faltaba el aire o que si sentía cansada. Todos estaban habituados a sus achaque y la única que parecía tomarlos en serio era la Tucha, que se desvivía en cuidar a la tía Cuca. Su tía favorita. Si bien era su única tía. Todo parecía muy normal, eran los achaques de una gorda diabñetica que no que´ría hacerse responsable de su salus. Todos creían que lo hacía para llamar la atención. Ya sabes como son las gordas. Si no pueden inspirar amor, por lo menos trataran de darte lástima. Todo qeguía el mismo curso hasta que un día la Tucha la convenció de hacerse un chequeo. La tía accedió de no miy buena gana solo para sorprender a propios y extraños. Esa gorda rosadota que se la pasaba tragando todos los días, esa la gorda de la eterna sonrisa, tenía anemia. Y una muy avanzada. Al doctor también le pareció muy extraño y la mando a hacerse toda clase de estudios: biopsias, tomografia, analisis de laboratorio. Él esperaba lo peor y sus presentimientos fueron ciertos. La tía Cuca, la gorda que a todos ayudaba, que a todos siempre les tuvo una sonrisa y que todo lo aceptaba con resignación y una untada de mantequilla, la gorda feliz, tenía leucemia.
Publicado por Madamme Sasha Vouffant en 17:51 5 comentarios