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domingo, 20 de abril de 2008

Disección de una gorda. Crónika de la muerte de una gorda diabética. 2a entrega

La tía Cuca noi pareció espantarse mucho cuando supo de su leucemia. Mas bien parecía que ni siquiera ella era capaz de creer que ella, con sus kilos de sobrepeso, podía tener leucemia. "Ni siquiera esta pinche enfermedad es capaz de adelgazarme"- pensaba- "Si la leucemia me dejara seca hasta los huesos, moriría feliz por haber muerto flaca." Pero esos pensamientos eran el lado oscuro de la tía cuca, un lado que nunca salía, siempre reprimido, ella siempre traía su sonrisa tatuada, aceptándoilo todo con resignación y kon kara de gordita agradable.

La que no parecía estar ocultando sus sentimientos, era la Tucha. Se deprimió mucho al saber que su tía, la tía que la consentía y que le enseñaba como debía comportarse una gorda feliz, se le estaba yendo en sus narices y ella no podía hacer nada. Se sen´tía frustrada, impotente y gorda. Más gorda que de costumbre porque de pura depresión empezó a tragar y tragar y a engordar más que un pavo en noviembre. Salía de la escuela y se iuba a casa de la tía para cuidarla, aunque esta generalmente la mandaba a su casa con un " no es necesaria, m'ija. Yo me siento muy bien" Y con su acostumbrada negación, la tía pensabva dejarse morir lentamente... aunque la muerte d ela tía no fue tan lebnta copmo ella esperaba. Y ¿cómo carajas iba a ser lenta? Si antes de llevarsela a ella tenía que llevarse 90 kilos de grasa que la rellenaban. Alguna vez la Tucha oyó que el cancer era producto de el odio y la ira reprimidas. Y también sabía claro que la leucemia era un tipo de cancer... y una muy grave. Así que el odio de la tía Cuca debía de ser uno muy grave. Pero por más que la Tucha lo pensaba y lo repensaba, no lograba encontrar a quien podía odiar tanto la tía Cuca.

Las semanas pasaban y la tía Cuca empezaba a mostrar desmejoría. La mamá de la Tucha no solía visitarla muy seguido. La Tucha sabía que si su mamá y la tía no se llevaban bien era porque la tía siempre le recordó a su mamá a la gorda que ella fue y a la que pudo ser (o podría ser si un día se descuidaba en la cuenta de los carbohidratos). A su mamá nunca le gustó enfrentarse a esa realidad, aún cuando Maruca empezó a perder peso aceleradamente, Martha no iba periódicamente a su hermana. La tía nunca quiso tratarse, decía que si iba a morir quería morir en su casa como su madre y en el momento en que Dios lo decidiera. Pero realmente era ella la que decidía que quería irse pronto. Muy pronto.

Nuestra querida Tucha no entendía muy bien la razón por la que la tía se negaba a llevar algun tratamiento y solo pudo quedarse observando como su tía, la tía que le hacía los pasteles, la tía que pasaba de contrabançdo los chocolates y los gummy bears, se secaba como un tocino sobre la sarten caliente. Se gastaba como una vela y se escurría cada vez más y más.

sábado, 12 de abril de 2008

Diseccion de una gorda. La crónica de la muerte de una gorda diabética. 1a parte

Ya ha bia mencionado que la tía Cuca era una gorda reprimida, frustrada, repostera y para acabarla de fregar, diabética. Pero la tía Cuca no era precisamente la diabética m´s responsable de su salud. No hacía ejercicio, no checaba sus niveles de glucosa periodicamente y mucho menos cuidaba el no comer demasiads carbohidratos. Es más, desconocía a ciencia cierta lo que estos eran. No hacía pues, lo que una gorda diabética debía hacer.

Todos pensaban que la tía Cuca un día no podría más y reventaría de gorda o se moriría con el azúcar más elevada que la deuda externa. Pero no fue así.

La tía Cuca siempre se quejaba de diferentes cosas. Que si hoy le dolían los huesos, que si mañana tenía un moreton que no sabía de donde había salido, que si pasado le faltaba el aire o que si sentía cansada. Todos estaban habituados a sus achaque y la única que parecía tomarlos en serio era la Tucha, que se desvivía en cuidar a la tía Cuca. Su tía favorita. Si bien era su única tía. Todo parecía muy normal, eran los achaques de una gorda diabñetica que no que´ría hacerse responsable de su salus. Todos creían que lo hacía para llamar la atención. Ya sabes como son las gordas. Si no pueden inspirar amor, por lo menos trataran de darte lástima. Todo qeguía el mismo curso hasta que un día la Tucha la convenció de hacerse un chequeo. La tía accedió de no miy buena gana solo para sorprender a propios y extraños. Esa gorda rosadota que se la pasaba tragando todos los días, esa la gorda de la eterna sonrisa, tenía anemia. Y una muy avanzada. Al doctor también le pareció muy extraño y la mando a hacerse toda clase de estudios: biopsias, tomografia, analisis de laboratorio. Él esperaba lo peor y sus presentimientos fueron ciertos. La tía Cuca, la gorda que a todos ayudaba, que a todos siempre les tuvo una sonrisa y que todo lo aceptaba con resignación y una untada de mantequilla, la gorda feliz, tenía leucemia.

miércoles, 12 de marzo de 2008

Disección de una gorda. Fernando Andrade

"Fernando Andrade es el chico más guapo de toda la secundaria 36. Es el que está de moda, pues. Sus ojos sond e un verde-miel en los que te puedes ahogar como si del mar se tratara. No importa si está solo o con compañía, nunca puedes quitar tu mirada de él. Solo a él. Es tan guapo"

Esas y otrasmás ridículas eran las cursilerias que la Tucha escribía acerce de Fernando Andrade en su siario. La Tucha se creía una gorda poética y llenaba su diario con frases rebuscadas, trilladas e imcomprensibles a veces hasta para ella.

Ingrid y ella eran muy amigas de él y se veían todas las tardes. Lo amaba en secreto y, cuando este secreto quería salir por su boquita comelona, ella le empujaba una torta cubana para que se callara.

"Pinche Tucha. ¿No puedes dejar de comer? Por eso estas como estas" Le decían Ingrid y Fernando. Esas palabras la herían mucho, porque parecía que todos creían que si estaba gorda era porque ella así lo quería, porque no le importaba y porque ella tenía la culpa. Nadie tomaba en cuenta sus esfuerxos... Cuando los hacía. No quería decirle nada a Fernando porque había oído muchas veces las historia de la tía Cuca y una cosa le había quedado clara: las gordas no pueden conjugar el verbo amar en la primera persona del singular a menos que fuera seguida de la frase "a la comida"

martes, 19 de febrero de 2008

DISECCION DE UNA GORDA. La hamburguesa fugitiva

Un día, la Tucha decidió que quería hacer una dieta. Tal vez por casualidad, tal vez no tanto, aquello coincidió con su entrada a la secundaria.

Su entrada a la secundaria la veía como el inicio de un ciclo nuevo y mejor. Creyó que por fin se desharía de aquel apodo de "la Tuchita". Le parecía denigrante, irritante, gordo. Pero después de un tiempo se enteraría que el encargado de ponerle aquelk apodo entraría a la misma escuela y en el mismo salón que ella. Y claro que se deshizo del apodo, pero solo para cambiarlo por el ahora más denigrante,cespectivo y gordo de "La Tucha"

"Escuela nueva, Martha nueva" pensó. Y ser armó de lechuga, apio, toronjas y mucha, pero mucha fuerza de voluntad. Se le ocurrió que aquello de la dieta no sería suficiente para lidiar con una obesidad como la de ella. Bueno. Más bien se le ocurrió a su mamá. Y su mamá la inscribió en le mimsmo gimnasio que ella. A Marthga no le agradaba la idea de ir a uyn lugar donde todas las mujeres eran flacas y se enfundabas en leotardos ajustados mientras que ella se tendría que enfundar tras camisetotas y pants holgados. Pero no objetó. Además, se propusó correr todas las mañanas a partir de ese lunes y se compró ropa deportiva (de hombre porque de mujer no había en su talla), calzado con capsulas de aire para que sus rodillas no resintieran el impacto porque pues ella estaba "gordita", o al menos así fue como el dependiete de la tienda la convenció de comprar esos tennis exhorbitantemente caros.

Nadie tenía más determinación que la Tucha el primer día de su sieta. Jamás se vió adolescente con más ániomo que ella. Se levantó a las 5 de la mañana y se tomó un jogo de toronja con apio, nopal, piña, perejil, hojas de menta y cuanta cosa que pudiera darle mal sabor. Total que la comida que sabe feo es la que no engorda., Se quedó con hambre porque no se terminó el vaso (no soportó tanto sabor a naturaleza ¿Ni siquiera benzoato de sodio como conservador? Aquello era imposible), pero si vistió emocionada y salió a la calle respirando el aire frío de la madrugada mientras sus tripas gruñían como león de Chapultepèc. Pensó que si corría hasta el parque en vez de despertar a mamá para que la llevara en el auto quemaría más calorías. Y ahí va nuestra obesa adolescente, con erl autoestima rozagtante que empezaba a levantarse por auella nueva Martha que veíoa venir. Yo no sería más "la Tucha", se veía vestida con lo que le gustaba y no con lo que le quedaba, guapa, segura, pero sobre todo flaca. Corría y corría y se miraba tan chistosa. Como hipopotamo en pants bailando ballet. Y así corría la Tucha la madrugada de ese lunes mientras sus flácidas carnes brincaban al compás de su pesado trote cuando, desde un auto deportivo gritaron unas flacas: "¡Corre pinche gorda, que se te escapa la hamburguesa!" ... La Tucha se sintiói humillada, ultrajada, vilipendiada, pero ante todo, ubicada. Se enrojeció sin saber si era por el coraje o por la vergüenza. Su autoestima recien estrenada bajó la cabeza y le dijo al oído: andale, Martha. Recoge tu determinación y tu manteca y regrésate a tu casa. Ella no necesitaba quye unas flacas la hicieran pasar aquel mal rato. Se trgresó a su casa, durmió hasta muy tarde y se desayunó 4 hamburguesas mientras su madre le recordaba que nunca dejaría de ser gorda. "Vaya dieta la tuya! RTardó solo una mañana. No cabe duda que nuca dejarás de ser una gorda"

viernes, 8 de febrero de 2008

Disección de una gorda. "La gorda feliz"

A Tuchita le gustaba visitar a la tía Cuca. La tía Cuca era repostera, así que ahpi siempre había comida rica, de esaa que mamá nunca la dejaba comer. Además, la tía Cuca parecía ser la única que realmente la entendía.

Después de veinte años de feliz matrimonio, a Maruca la abandono el tío Cutberto por una chamaca que nació cuando ellos se casaron y que pesaba 50 kilos menos que ella (lo cual no quiere decir que la chamaca fuera precisamente flaca). Después de eso, Maruca se había vuelto un poco amargada y trataba siempre de ocultarlo tras un plato de comida... o dos o tres o los que le sirvieran.Por eso engordó aún más. Trató de olvidar que la habían abandonado por ser una gorda y se refugió en la comida. Trataba de aparentar estar feliz todo el tiempo, de ser siempre amable, nunca decir que no para ser la gordita simpática y de ese modo evitar ser rechazada y abandonada nuevamente. Alguna vez le contaron que el tío Cutberto vivía en Colíma y tenía dos gemelas muy bonitas. Y entonces lo odió tres veces más. Una por tener con otra los hijos que ella nunca pudo dartle por gorda, dos porque su profecía y esperanza que escupió cuando la abandono por gorda no se cumplió, ersa que decía que la chamaca lo dejaría al poco tiempo y tres porque él estaba experimentando la felicidad que ella, por gorda, no era capaz de alcanzar. Y no porque estuviera muy lejos, si no porque de tan solo pensar en arrastrar su mantecoso cuerpo hasta allá se cansaba. Así que ahí se quedó, sola y engordando cada día más sin valor para tratar de hacer algo más que eso: engordar.

A pesar de todo eso, la tía Cuca decía ser feliz. "Sí. Estoy gorda. Pero soy una gordita feliz". Pero eso, obviamente era una mentira. Los gordos no son felices. Si no, no estarían gordos. Pero la tía Maruca logró alkgo muy bueno, le enseñó a la tTuchita la primer falacia que un gordo esgrime como autodefensa y autoconsuelo: "SOY UNA GORDA FELIZ"

viernes, 1 de febrero de 2008

Disección de una gorda. Segunda entrega. COMIDA MALA, COMIDA RICA.

Tuchita creció en un hogar donde la comida se clasifica con solamente dos criterios: el de mamá, que en un principio era el mismo que el de papá, y el de este último, que dividía la comida en solamente dos grandes y sencillos grupos basado exclusivamente en un parametro que era su sabor, así pues, esta era solamente la que sabía rico, y la que no.

El señor Espinoza era de uno de esos que constituían la envidia de esas señoronas que dicen que hasta el agua las engorda, que se matan haciendo dietas(como la señora de Espinoza) Él había sido privilegiado con un metabolismo de lagartija. No importaba lo que comiera, Mario Espinoza no se preocupaba por contar calorias, o saber la cantidad d eproteina y carbohidratos que una comida contenía. Eso a él no le imortaba, él solamente necesita sentir el olor, verla en una presentación atractiva y se acabaría lo que le pusieras en el plato así se tratara de una pierna de su hija. Él nunca subia de peso. Sus brazos y piernas largas y delgadas podrían ser envidia de una supermodelo, pero a él le daba igual. Tuchitapor su parte, había heredado la co`mplexion curvilinea de su mamá: caderas anchas, muslos gruesos, pecho prominente. Para el gusto mexicano eso no suena mal, pero si s ehubiera dado en una mujer de talla 5 ó 7, pero Marta era talla 40 y contando. Y la pobre Tuchita. Ella era una niña en quinto grado que ya tenía que comprar su ropa en el departamento de damas. Enfundada en falda de tablones, sus piernas parecían más cortas y sus caderas más anchas. Era una copia de Miss Piggy con uniforme de escuela primaria pública mexicana. De esas donde no se aprenden bien ni las matemáticas ni el español.

Bueno. Decía que eran dos criterios. En un principio, la mamá de Tuchita tenía el mismo criterio que papá, pero pronto se dió cuenta que aquello la había llevado a un punto crítico. Sus caderas competían con las de doña Chole, la que vendía empanadas en la esquina los sabados, y su cintura se había perdido debajo de unos senos que daban para amamantar a toda la colonia. Así que pronto empezó a hacer cuanta dieta le decían: la del arroz, la de las manzanas, la de la luna, la del agua, hasta la del chocolate. Todas daban resultado y luego rebotaba y subía una talla más que antes de empezar la dichosa dieta. Después se inscribió en un gimnasio. Uno barato porque a Mario no le alcanzaba para uno de los caros. Al principio solo iba unos días y depsués se hechaba para atras. Entonces buscaba otro gimnasio y volvía a empezar, pero después de pasar por 3 distintos decidió tomarlo en serio e hizo una dieta que le había pasado una amiga suya que había ido con el nutriologo. Se mareaba, se sentía agotada, a veces sentía que se iba a desmayar, pero la bascula no dejaba de caer y caer. Y eso la alentaba. Pronto formó su criterio de alimentos. Y también los dividió en dos: los alimentos malos y los alimentos buenos. Los malos eran los que engordaban y los buenos los que no. Así que pronto estos criterios empezaron a chocar, pues generalmente. los alimentos que para papá era ricos, para mamá eran malos, y los que para mamá era buenos, para papá sabían feo. De este mdo la Tuchita tuvo una clara revelación: la comida rica es mala y la que sabe feo adelgaza. Lo que solo le generaba un tremendo sentimiento de culpa cada vez que se empujaba un chocolate que papá le compraba en la tienda... y ella solo tenía11 años.

miércoles, 30 de enero de 2008

RELATOS DE LA SASHA. Disección de una gorda. 1a entrega.

Martita Espinoza se sabía especial. Desde que nació supo que lo era. Una nenita recien nacida de 4 kilos 500 gramos porsupuesto que es especial. Especialmente gorda. "¡Qué nena tan linda!" dijo la tía Maruca cuando la vió por primera vez. Claro que la tía Cuca, como le decían cariñosamente, era una mujer que también resultaba especialmente linda con sus 97 mantecosos kilos enfundados en una humanidad de tan solo 1.60 metros de estatura."Mira sus cachetitos" decía la abuela paterna, doña Chelita, que de aqui pa'lante sería konocida komo la abuela Chelita. Y si que había que ver sus "cachetitos", que de -itos no tenían nada. Mas bien parecían un par de tootsi pop descomunales que el "angelito" se había guardado al estilo de los hamster.

Marta de Espinoza, la orgullosa madre de tamaño animalón, nunca había sido descrita como "delgada" o "flaca", pero tampoco como "gorda" o "materia prima del tocino", pero después de nueve meses de aplastarse porque estaba en "estado grave" y de comer "por dos" (o por tres o cuatro o cinco), pues la describian con esos adjetivos y otros 3 o 4 que a mí se me podrían ocurrir.. En fin que Marta cabó su propía tumba solita, tragando como desquiciada y holgazaneando todo el día. Y el chivo expiatorio, claro, fue Martita. Aunque más bien era como una res expiatoria. Un pobre angelito ahora convertido en demonio por su propia madre, que no tenía la culpa de que la hubieran engordado como pavo en vispera de navidad.

Matita creció y pasó de ser "linda" a "graciosa", de seer "graciosa" a chistosa" (que es pariente de ridicula). Cuando pasó de ser "chistosa" a "gordita" pues fue eso precisamente lo que pasó: la cosa perdió el chiste. Creo que aquello coincidió con la entrada de Martita a la primaria. Como vénía de una familia de clase media, pues fueron a sorrajar a la pobre gordita a una escuela pública.

Alguien oyó que a Martita le llamaban "Martuchis"...apodo muy de clase media... Y después se descompuso a "Martucha". En las escuela terminó siendo "Martuchita" (Martucha era la mamá) y acabo siendo simplemente "la Tuchita"...

Tuchita no era la única gorda en su salón. ¡Qué va! Aquello parecía la guarderia de un grupo de comedores compulsivos, pero si era la más gorda del salón. Así que cuando alguno de los pocos "flacos" (como le llaman los gordos envidiosos a la gente normal) le llamaba gordo a otro niño, este la señalaba y decía: "¿Gordo yo? La gorda es la tuchita" y la atención y el escarnio se centraban en ella.